Pilates reformer en el embarazo: qué cambia trimestre a trimestre
El embarazo no es un estado estático. Es un proceso en constante cambio, y el cuerpo que tienes en el primer trimestre es muy distinto al del tercero. Por eso, hablar de pilates reformer en el embarazo sin hablar de etapas es quedarse a medias.
En El Studio trabajo con embarazadas en todas las etapas, y lo que más valoran es precisamente eso: que la clase no es la misma semana tras semana, sino que evoluciona con ellas.
Primer trimestre: escuchar antes de empujar
El primer trimestre es el más delicado, no por el tamaño del bebé sino por la cantidad de cambios hormonales y fisiológicos que ocurren en poco tiempo. El cansancio, las náuseas y la hipersensibilidad del cuerpo piden prudencia. Las clases en esta etapa tienen un ritmo más tranquilo, con mucha atención a la respiración y al suelo pélvico, y evitando el calor, la intensidad alta y las posiciones boca abajo prolongadas.
Segundo trimestre: el momento de más trabajo
El segundo trimestre suele ser el de mayor bienestar y el de mayor posibilidad de trabajo. La barriga todavía no limita demasiado los movimientos, la energía ha vuelto y el cuerpo está receptivo. Es el momento de trabajar la fuerza de piernas y glúteos (que van a soportar el peso creciente) y de reforzar la musculatura de la espalda, que ya empieza a notar la nueva distribución del centro de gravedad.
Tercer trimestre: adaptar y preparar
En el tercer trimestre, el reformer se convierte en una herramienta especialmente valiosa porque permite trabajar sin comprimir la barriga ni forzar posiciones incómodas. Las posiciones se adaptan, la intensidad baja y el foco se desplaza hacia la preparación para el parto: movilidad de cadera, trabajo de suelo pélvico, respiración. Muchas alumnas me dicen que las últimas semanas el reformer es lo que más les ayuda a seguir sintiéndose bien en su cuerpo.
Si estás embarazada y quieres empezar o continuar con el pilates reformer, escríbeme y organizamos tu primera clase adaptada a tu momento.